Quemar las naves:

Alrededor del año 355 a.c, al llegar a la costa de Fenicia, Alejandro Magno debió enfrentar un de sus más grandes batallas. Al desembarcar, comprendió que los soldados enemigos superaban tres veces tamaño de su gran ejército. Sus hombres estaban atemorizados y no encontraban motivación para enfrenar la lucha: habían perdido la fe y se daban por derrotados. El temor había acabado con aquellos guerreros invencibles.


Cuando Alejandro había desembarcado sus tropas en la costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas las naves. Mientras que los barcos se consumían en llamas y se hundían en el mar, reunió a los hombres y les dijo: “debemos salir victoriosos en esta batalla, pues sólo hay un camino de vuelta, y es por mar. Caballeros, cuando regresemos a casa, lo haremos en los barcos de nuestros enemigos”